Podría decirse que cuando el hombre dejó de ser nómada se convirtió en turista.
El sedentarismo, y las consecuencias económicas y sociales que trajo consigo, dio lugar a una estabilidad general que le permitió al ser humano comenzar a pensar en el ocio. El tiempo libre es ocio y el ocio se relaciona muchas veces con aquellas actividades que generalmente no pueden ser llevadas a cabo.
De ahí que el viaje esporádico, el turismo, fuera, ya en la antigüedad, una actividad destacada y reconocible.
Hoy el turismo es uno de los principales sectores económicos del ámbito occidental y el principal motor de desarrollo en muchas zonas del mundo.
El desarrollo de los transportes y de los medios de comunicación ha generalizado el turismo y, a su vez, la posibilidad de desplazarse de un modo fácil y muchas veces barato.
Hoy, el turismo y el ocio confluyen con otros intereses como la salud y el bienestar, con la práctica de deportes de riesgo, con la búsqueda de los exótico, con el conocimiento de tendencias culinarias y de gastronomías hasta ahora desconocidas, con una inusual difusión de la cultura y del gusto por el arte, la historia y la estética.
Cada vez llegamos a un mayor número de lugares y cuantos más lugares conocemos más conscientes nos hacemos de todo aquello que nos falta por conocer.